Archivos para las entradas con etiqueta: psicoanálisis

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“Mi «retorno a Freud» significa simplemente que los lectores se preocupen por saber qué es lo que Freud quiere decir, y la primera condición para ello es que lo lean con seriedad. Y no basta, porque como una buena parte de la educación secundaria y superior consiste en impedir que la gente sepa leer, es necesario todo un proceso educativo que permita aprender a leer de nuevo un texto. Hay que reconocerlo, antes no se sabía hacer otra cosa, pero al menos se hacía bien; en cambio, actualmente tampoco podemos decir que sabemos hacer otras cosas, aunque estamos convencidos de ello; no basta con hablar de método experimental para saberlo practicar. Sentado esto, saber leer un texto y comprender lo que quiere decir, darse cuenta de qué «modo» está escrito (en sentido musical), en qué registro, implica muchas otras cosas y sobre todo, penetrar en la lógica interna del texto en cuestión”.

J. Lacan entrevistado por Paolo Caruso (1966)

[la entrevista completa acá]

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Derrida JacquesLa palabra proferida o inscrita, la letra o la carta, es siempre robada. Siempre robada porque siempre abierta. Nunca es propia de su autor o de su destinatario, y forma parte de su naturaleza que no siga jamás el trayecto que lleva de un sujeto propio a un sujeto propio. Lo cual equivale a reconocer como su historicidad la autonomía del significante que antes de mí dice por sí solo más de lo que creo querer decir, y en relación con el cual mi querer decir, sufriendo en lugar de actuar, se encuentra en falta, se inscribe, diríamos, en pasivo. Soplada, esto es, sustraída por un comentador posible que la reconocería para colocarla en un orden, orden de la verdad esencial o de una estructura real, psicológica o de otro tipo. El primer comentador es aquí el oyente o el lector, el receptor que no debería ser el «público» en el teatro de la crueldad. Artaud sabía que toda palabra caída del cuerpo, que se ofrece para ser oída o recibida, que se ofrece como espectáculo, se vuelve enseguida palabra robada. Significación de la que soy desposeído porque es significación. El robo es siempre el robo de una palabra o de un texto, de una huella.

J. Derrida, La palabra soplada.

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“Yo no soy en modo alguno partidario de fabricar cosmovisiones. Dejémoslas para los filósofos, quienes, según propia confesión, hallan irrealizable el viaje de la vida sin un Baedeker así, que dé razón de todo. Aceptemos humildemente el desprecio que ellos, desde sus empinados afanes, arrojarán sobre nosotros. Pero como tampoco podemos desmentir nuestro orgullo narcisista, busquemos consuelo en la reflexión de que todas esas «guías de vida» envejecen con rapidez y es justamente nuestro pequeño trabajo, limitado en su miopía, el que hace necesarias sus reediciones; y que, además, aun los más modernos de esos Baedeker son intentos de sustituir el viejo catecismo, tan cómodo y tan perfecto. Bien sabemos cuán poca luz ha podido arrojar hasta ahora la ciencia sobre los enigmas de este mundo; pero todo el barullo de los filósofos no modificará un ápice ese estado de cosas; sólo la paciente prosecución del trabajo que todo lo subordina a una sola exigencia, la certeza, puede producir poco a poco un cambio. Cuando el caminante canta en la oscuridad, desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro.”
 
Sigmund Freud. “Inhibición, síntoma y angustia”. Cap. II. (1926)

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En la primera temporada de la serie norteamericana Mad Men, situada inicialmente en los años 50, Betty Hofstadt, la esposa de Don Draper, atraviesa un largo período de malestar y angustia ante las diferencias que encuentra entre la vida matrimonial y familiar previamente imaginada y la experiencia real. Finalmente comienza a sentir cierto entumecimiento en sus manos. El síntoma entra en escena. Los médicos califican a esta afección como “psicosomática”. Betty es derivada a un psiquiatra, quien le propone iniciar un análisis.

Luego de las entrevistas preliminares, Betty comienza recostarse en el diván. Asocia libremente. Al inicio encuentra en esa experiencia un inusual espacio de libertad para su decir. Y concurre a sus sesiones con regularidad.

Con la misma regularidad, luego de cada sesión, su analista se comunica telefónicamente con su esposo para transmitirle las palabras de su paciente, en una clara violación de toda premisa de confidencialidad.

Betty no tarda en descubrir la maniobra. Y, finalmente, termina separándose de su marido y dejando de asistir a las sesiones.

La secuencia pone en escena el modo en el que un supuesto practicante del psicoanálisis puede estar atravesado por el machismo propio de su época, al punto de que ese atravesamiento lo lleve a minar las disposiciones éticas de la actividad de la que se presenta como practicante.

La serie, en general, invita a comparar aquella época con la nuestra. En sus diferencias. Pero también en sus continuidades.

 

En Lend dejaron cesante a un cartero, que durante años no repartió todas las cartas de las que sospechaba noticias tristes ni, como es natural, todas las esquelas que recibía, sino que las quemaba en su casa. Finalmente, el Correo hizo que lo internaran en el manicomio de Scherrnberg, donde, con uniforme de cartero, va de un lado a otro repartiendo continuamente cartas, que echa en un buzón colocado expresamente para ello por la administración del manicomio en uno de los muros del manicomio, y que están dirigidas a los demás pacientes. Inmediatamente después de ser internado en el manicomio de Scherrnberg, el cartero pidió su uniforme de cartero, según se dice, para no tener que volverse loco.

[Thomas Bernhard. “El imitador de voces”. 1978]

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