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[texto publicado originalmente en el volumen colectivo “Badiou fuera de sus límites”, Ed. Imago Mundi, Buenos Aires, 2010]

01. Conocemos el axioma fundante de lo que Badiou denomina dialéctica materialista: “No hay más que cuerpos y lenguajes, sino que hay verdades”. Pero es necesario en seguida precisar lo que el axioma porta como presupuesto: que lo que hay –tanto en sentido “estructural” (cuerpos y lenguajes) como en sentido “excepcional” (verdades)- aparece en un mundo.

02. Las notas que siguen parten de la siguiente hipótesis: cuando el mercado neoliberal se convierte en la fuerza de mayor intensidad, nuestra existencia da cuenta de experiencias no-mundanas. La lógica del mercado no sería, por sí misma, una lógica mundana o generadora de mundos. Lejos de situar al mercado como elemento de un mundo, la operatoria mercantil constituiría una dinámica transmundana que harían de los mundos ocurrencias discontinuas, precarias, aleatorias.

03. Pero ¿qué es un mundo para Badiou? Una composición mixta de cuerpos y lenguajes ordenada según un sistema de plazas. Sin un operador que organice los lugares –que emplace sus elementos- no hay mundo sino simplemente alteridad infinita. Según leemos en su Ética: “La alteridad infinita es simplemente lo que hay. Cualquier experiencia es despliegue al infinito de diferencias infinitas.”

04. Es, justamente, en el marco de la dialéctica entre un “sistema de plazas” o “espacio de emplazamiento” y una fuerza (aquella que induce una verdad) que un sujeto –portado por un cuerpo activo- prescribirá sus efectos, sus consecuencias, por incisión y tensión de lo que organiza los lugares.

05. Pero si uno tuviese que describir la dinámica de la operatoria mercantil, tropezaría con enunciados asombrosamente parecidos: también el mercado prescribe -en un mundo- sus efectos y consecuencias por incisión y tensión de lo que organiza los lugares. Sin embargo, nada más ajeno a cualquier noción de verdad que el mercado. Nada más alejado de cualquier noción de acontecimiento.

06. En lo que podríamos llamar “condiciones mercantiles”, la dialéctica entre fuerza subjetiva y estructura de emplazamiento mundana se ve alterada por la presencia de una fuerza heterogenética –la fuerza del mercado- que erosiona el sistema de plazas sin comportar por ello una producción subjetiva.

07. Una imagen recurrente que intenta dar cuenta de los efectos sociales de la operatoria mercantil es la del desierto. Al menos en los tanteos de estas primeras aproximaciones quizá nos resulte útil oponer esta imagen al concepto de mundo. Surcado por cuerpos y atravesado por lenguajes, el desierto no resulta de todos modos habitable. Carece de condiciones de emplazamiento, salvo en configuraciones precarias, contingentes. Su proliferación de espejismos remite al “despliegue al infinito de diferencias infinitas”. Invirtiendo la imagen tradicional –los desiertos como zonas inhabitables de ciertos mundos- en el desierto neoliberal los mundos mismos existirían de modos tan locales y excepcionales como las verdades.

08. En términos subjetivos, las consecuencias de esta alteración son enormes. Aquello que funda la consistencia de un mundo produce en la misma operación su inconsistencia. Constituida como “sitio” –es decir, como intrusión del ser en el aparecer- la inconsistencia puede devenir condición de advenimiento de un acontecimiento. Y es por fidelidad a la huella acontecimental que un sujeto puede configurarse en el proceso de producción de sus consecuencias. Pero si una fuerza –fuera de toda relación con acontecimiento alguno- erosiona aquello que estabiliza a los mundos reconduciendo las existencias hacia la alteridad infinita, entonces el sistema de “condiciones de imposibilidad” a partir del cual un sujeto puede tener lugar en un mundo queda en suspenso.

09. “Allí donde todo se comunica hasta el infinito, no existe ningún punto”, afirma Badiou en el apartado de Lógicas de los Mundos dedicado al análisis de los “mundos átonos” –aquellos cuyo trascendental es “sin puntos”. Y plantea luego una posibilidad: “la declaración de la atonía del mundo puede ser sólo ideológica”. Tal vez en dicha declaración lo ideológico radica en pensar que la atonía sigue implicando la existencia de un mundo. ¿Es posible  –en términos conceptuales- seguir llamando mundos a “los instantes devastados que habitamos”?

10. Para poder proseguir, será necesario intentar precisar algo más la lógica de mercado a la que suponemos tamañas consecuencias.

11. ¿Qué es el mercado? Podemos pensarlo como una interfaz o matriz conectiva. Su operatoria articulatoria ensambla y desensambla elementos. Pero permanece indiferente, tanto a los elementos que conecta como a las configuraciones resultantes. La única orientación que organiza esta lógica es la de la transcripción de estas conexiones en términos de valor de cambio. El axioma es la maximización de la ganancia. Y el ciclo tiene un esquema simple: D-M-D’. Donde M puede significar tanto Mercancía como Mundo o cualquier componente infra o supra mundano.

12. El imperativo de la maximización de la ganancia es lo que produce las consecuencias de inestabilización de las configuraciones que la operatoria mercantil produce o sobre las que actúa. El mercado sólo cohesiona una conexión en tanto no haya otra posibilidad de ensamblaje que produzca una rentabilidad mayor. La “lógica de hierro” del Capital precisa, para su mayor estabilidad, de un incremento de la inestabilidad de lo social.

13. De este modo, para un mundo constituido, la operatoria del mercado aparece como una lógica transmundana ya que no se circunscribe necesariamente a la escala o al sistema de emplazamiento de ese mundo –si lo hace, es de modo contingente, sólo mientras dicha escala o estructura coincida con la configuración de mayor rentabilidad viable.

14. Al orientarse sólo por diferencias cuantitativas de valor de cambio, la operatoria mercantil resulta absolutamente indiferente a la alteridad cualitativa que promueve.

15. Comenzamos a tener la experiencia de existir en mundos erosionados por los efectos dispersivos de dicha operatoria, mundos intermitentes que dibujan fronteras inestables en el desierto mercantil que transitamos. Recién estamos empezando a desarrollar mínimos elementos de lectura de lo que implica vivir sin contar con los mundos como condición permanente.

16. Pero la indiferencia de escalas también implica otra serie de problemáticas: así como la operatoria mercantil puede operar de forma transmundana, produciendo conexiones y desconexiones entre mundos diferentes, inundando de interferencias los sistemas de emplazamiento, también encuentra eficacia operativa a niveles subcorporales e infrasubjetivos: el mercado puede establecer conexiones entre estímulos y puntos de goce que funcionen sin requerir la composición de un cuerpo o la configuración de una subjetividad.

17. El problema central en la constitución de la trayectoria subjetiva de una verdad, el tratamiento de los puntos, se ve doblemente alterado entonces ya que los efectos del mercado inestabilizan tanto el trascendental complejo del mundo en el que dicho trayecto se despliega como la composición del cuerpo subjetivado que funciona como su soporte.

18. La disciplina por inventar que garantice la coherencia de un cuerpo subjetivable deberá incluir también operaciones que permitan resistir a estos efectos mercantiles de descomposición sin renegar por ello de la escisión que implica devenir soporte de una verdad, incluso allí donde no haya mundo sino sólo alteridad.

19. Tal vez la tesis de que “un nuevo mundo se produce subjetivamente, punto por punto” implique, en condiciones de mercado, la producción de los puntos mismos –es decir, la invención de operaciones subjetivas capaces no sólo de tratarlos sino de crearlos- como respuesta a la “violenta promesa de atonía universal” que encuentra en el mercado su realización tendencial.

 Franco Ingrassia

Marzo del 2010

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