zhuangzi“El carnicero Ding estaba descuartizando un buey para el príncipe Wenhui. Por la manera en que sus manos agarraban el animal, lo apoyaba en sus hombros, afirmaba los pies en el suelo, lo mantenía bajo la presión de sus rodillas, y al hundir el cuchillo, se escapaba un sonido totalmente musical, hua, y su cuchillo seguía tan bien la cadencia, dejando oír huo, que se asemejaba por completo a un aire musical, que a veces correspondía a la danza del “Bosque de las moreras” y a veces se asemejaba a la melodía de las “Cabezas con plumaje” [o bien, otra lectura: llegaba justo con su cuchillo al punto de encuentro donde comenzaban las venas].

-¡Verdaderamente admirable! –exclamó el príncipe-. ¿Cómo ha podido tu arte alcanzar tan elevada perfección?

El carnicero dejó su cuchillo y respondió: “Estoy prendado por el tao y ello supera toda técnica. Cuando comencé a descuartizar bueyes, no podía dejar de ver al buey entero. Luego, tres años más tarde, ya no veía todo el buey [tan masivamente]. Ahora, lo encuentro mediante una aprehensión [decantada y] espiritual en lugar de mirarlo solamente a los ojos: cuando el saber de los sentidos se detiene, mi facultad espiritual aspira a suplantarlo apoyándose en la estructura natural [“celeste”] del animal. Llego así a los grandes intersticios y conduzco mi hoja a través de amplios pasajes siguiendo la conformación interna. Si no toco las venas ni las arterias ni los músculos ni los nervios, mucho menos toco los grandes huesos.

Un buen carnicero debe cambiar su cuchillo todos los años: porque corta la carne; un carnicero ordinario debe cambiar de cuchillo todos los meses: porque corta los huesos. Hace diecinueve años que hago este trabajo, he descuartizado miles de bueyes, y la hoja de mi cuchillo está tan nueva como si acabara de ser afilada. […]

Sin embargo, cada vez que llego a un punto de intersección, considero la dificultad y, tomando precauciones, con la mirada atentamente fija, actuando lentamente, manipulo el cuchillo de la manera más delicada: un huo y ya está, como si fuera un poco de tierra que se desmorona en el suelo.”

[Zhuangzi, citado por François Jullien en “Nutrir la vida”, Katz, BsAs, 2007]

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