Do, discípulo de Me-ti, sustentaba la opinión de que es preciso dudar de lo que no se ve con los propios ojos. Ese punto de vista tan negativo le valió ultrajes que lo llevaron a abandonar la casa. Poco tiempo después regresó y dijo desde el vano de la puerta: Debo rectificarme. También hay que poner en duda lo que se ve con los propios ojos.
Cuando le preguntaron cuál era, entonces, el límite impuesto a la duda, Do dijo: El deseo de actuar.

Bertolt Brecht
Me-ti. El libro de las mutaciones.
1936(?)

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