breve-diccionario-para-tiempos-estupidos-sandino-nunez-14283-MLU20084994182_042014-O 

BULLYING, MOBBING. Ocurre que hubo congresos de mobbing y bullying en Montevideo y la delicada exquisitez de las expresiones me tentó. Ambas locuciones inglesas remiten al horror maravilloso de la cultura contemporánea: el acoso del otro. La primera designa al acoso en la escuela y la segunda al acoso en el trabajo. También tenemos el stalking o acoso físico, el cyberstalkig y el cyberbullying, el acoso inmobiliario (¿acoso inmobiliario?). Hay nichos de mercado del acoso que todavía no han sido explotados y que ya podemos ir sugiriendo para futuras especializaciones, posgrados, congresos, asesoramientos y terapias: el acoso en el ómnibus, el acoso en el supermer-cado, el acoso en alta mar, acoso los viernes de noche, acoso religioso y acoso filosófico, acoso de rengos de voz ronca, en fin. Las dos expresiones (bullying y mobbing), previsiblemente, provienen de la etología, disciplina que estudia, describe y clasifica el comportamiento animal. Esta variante social o humana de la etología y sus estú-pidos procedimientos empírico-descriptivos, clasifícatorios y de cuantificación ya es moda desde hace muchas décadas (hace unos ocho o diez años inundaron el mer-cado con lo de las «tribus urbanas», por ejemplo). Buena parte de la sociología y la psicología empíricas han clavado sus artefactos en esta despiadada clasificación policíaca de la conducta de las personas y de los grupos, o bien por el mero placer de describir y fotografiar lo real (hacer una antropología urbana que se desplaza de los lejanos contextos exóticos de principios de siglo xx, como las islas del Pacífico Sur, al exotismo folclórico del multiculturalismo de las propias metrópolis occidentales), o bien con la coartada de hacer una sociedad más tolerante y más democrática «empoderando» a las víctimas, haciéndolas menos vulnerables al comportamiento abusivo y al odio, y enderezando a acosadores y sociópatas. El programa televisivo Santo y seña [Programa televisivo periodístico de «investigación y denuncia» emitido por Canal 4, televisión abierta de Montevideo.] hace un muy valiente reporte periodístico en el que desnuda y denuncia el timo y el embuste de los «mercaderes de la fe», que, oh novedad, especulan con la ignorancia y la credulidad de los indefensos pobres para vender milagros, curaciones, descargas y liberación de encostos. Pero nadie hará nunca un programa de televisión en el cual se desnude y denuncie a estos predicadores diplomados en PowerPoint que venden terapias y empoderamiento, asesoramiento y orientación de autoayuda, apoyados en la obsesión de la masa con la seguridad y exponenciando la obscenidad de una cultura que vive aterrorizada por el acoso del otro. Lo estúpido de nuestra cultura muchas veces oculta lo peligroso, lo atroz y lo infame, y eso la vuelve dos veces más peligrosa e infame. Acoso, hostigamiento, intimidación, terror: eso mueve hoy la circulación de cuerpos, cosas, energías y lenguajes. Dividir la sociedad en acosadores y víctimas, en predadores y presas es blindar la máquina de la seguridad. La víctima no piensa en liberarse (ay de la liberación, ay de ese sueño loco y caduco): solamente busca ser protegida y amparada, o tolerada y no molestada. Y el acosador, el perseguidor y el hostigador son un virus lleno de odio paranoico irracional, o indiferente e inmotivado, o sádico y sociopático. Estamos a años luz de algo como una sociedad.

 

[Sandino Núñez. Breve Diccionario para tiempos estúpidos. Criatura Editora. Montevideo. 2014]