Archivos para el mes de: octubre, 2013

el eslabon agosto 2013

[la edición #129 del periódico El Eslabón incluyó un dossier sobre el estrago acontecido en rosario en el edificio de calle salta al 2100. esta breve columna fue parte de esa edición]
 

A medida que pasa el tiempo y algunas cosas comienzan a estabilizarse, el trabajo de elaboración en torno a lo sucedido en Salta al 2100 comienza a cernirse en torno a las ausencias. Primeramente, las ausencias singulares. Las vidas que ya no volverán. Los modos, singulares también, de estar afectados por estas ausencias reclaman a su vez este tiempo como tiempo de elaboración, como tiempo de invención de un sentido para lo acontecido y, más que nada, de maneras de poder seguir viviendo con lo que pasó, reparando lo susceptible de ser reparado, encontrando la forma de lidiar con lo irreparable. Esta elaboración es múltiple. Se despliega en planos heterogéneos, pero interconectados. Elaboración singular de las afectaciones íntimas, susceptibles de ser acompañadas por presencias familiares, amistosas o clínicas. Elaboración colectiva de las afectaciones sociales, susceptibles de ser desplegadas en demandas de conocimiento preciso de lo acontecido, de justicia y responsabilización en la trama de causalidades generadoras del acontecimiento, invención política que produzca otras formas de coexistencia, otros modos de gestión de la ciudad que no reedite los mismos riesgos.

Las construcciones discursivas en torno a lo sucedido podrán entonces apuntalar este proceso de elaboración múltiple u obstaculizarlo. En este sentido, es importante señalar que, si la elaboración es trabajo de pensamiento que debe crear sentido allí donde lo que se impuso con fuerza devastadora es la ausencia, entonces determinados modos de vincularse con los saberes preexistentes pueden trabajar para obturar esa apertura. Las respuestas no pueden ser previas al proceso destinado a generarlas. Dicho de otro modo: lo ya sabido –lo que los discursos expertos en general, sean técnicos, políticos, jurídicos, sanitarios, periodísticos o clínicos pueden aportar ante la situación- o es herramienta para la construcción de nuevos sentidos u opera como bloqueo de dicha construcción.

Dentro de esta dinámica, el régimen de la opinión se revela como uno de los más problemáticos. La opinión es, en sí misma, una lógica de producción de enunciados sin condición de implicación de quien la sostiene respecto de aquello sobre lo cual está opinando. Es, en este sentido, un régimen de enunciación sostenido por la premisa de la inconsecuencia: se opine una cosa o lo contrario, las consecuencias tanto para quien sostiene la opinión como para el referente de sus opiniones son las mismas y tienden a cero. Pero revelan su efecto obturante en tanto ocupan el campo de la producción de sentido, generando la ilusión de una presencia cuando el trabajo de elaboración no ha hecho más que comenzar.

Acompañar el proceso de elaboración de una afectación implica, en principio, más que una predisposición a hablar, una disponibilidad a alojar, desde la escucha, el silencio que, en tanto tiempo de elaboración inicial, suele preceder la recomposición del discurso y la construcción –mediante un pensamiento que es tanto actividad mental como corporal, tanto ideación abstracta como movilización concreta- de una palabra nueva en torno a lo vivido y su desgarro.

Franco Ingrassia

Agosto de 2013

nomades - manuela suárez

“(…)el interés por narrar no tanto la historia de los individuos separados o las comunidades más o menos orgánicas como la historia de las relaciones entre criaturas que no poseen de antemano un horizonte común, que se encuentran en un territorio que desconocen, y que improvisan las cambiantes normas que regularán, bien o mal, la relación en el curso de su despliegue. Estas composiciones de individuos, estas redes de relaciones están montadas en una general fluctuación de la cual son remansos o crestas.”
 
Reinaldo Laddaga
Estética de laboratorio. 2010
 

¿Qué es lo que hace que una vida se configure como experiencia? ¿Qué tipo de operaciones logran producir una diferencia en el flujo incesante de afectos y percepciones que nos atraviesan? Tal vez los viajes y las narraciones puedan contarse entre las infrecuentes actividades configurantes contemporáneas.  Pero volvamos al principio. En el inicio es la dispersión. Ellas “podrían matarse”. Sería una alternativa más en la deriva aleatoria que, inconsecuentemente, las mueve o las estabiliza. “Me acuerdo de ese momento en el que no me importaba nada. Es como si ese estado hubiese cambiado, pero quedaron residuos. En cierto nivel de una conversación pierdo el interés, frente a los artilugios del lenguaje quedo bloqueada porque eso despierta en mí un discurso mucho más rápido que el pensamiento, me enredo, repito y lucho conmigo misma. Pero instalan una diferencia, inician un viaje. El nomadismo difiere de la deriva aleatoria. Configura una trayectoria. De modo prospectivo o retrospectivo. Eso no importa. Lo importante es que instaura un proceso de subjetivación. (…)  Del nomadismo a la composición. Cambio de régimen en la actividad configurante. Prácticas experimentales y procesos de documentación que traman colectivamente modos de vida. No mirábamos la técnica específicamente o el material, veíamos una función de grupo, de investigación.  El proceso de la autoorganización es expansivo y todo el tiempo instaura nuevas conexiones que desencadenan procesos de autoalteración de las lógicas de pensamiento y los regímenes de percepción. El proceso expansivo bordea la desconfiguración, pero asume ese riesgo como apuesta experimental. “Sentí que el cuerpo se me llenaba de una circulación de fluidos nuevos o viejos con otro movimiento, no era una experiencia sólo mental. Me miraba los brazos y las piernas y la piel se levantaba apenas como si adentro me estuviera corriendo algo por las venas y entre los músculos, se podía ver y tocar, fue un poco impresionante. Pero como la sensación de eso era suprema traté de enfocar mi juicio sobre la experiencia total, no sólo la imagen de mi piel levantándose por todas partes. No podía explicar qué era lo que había mejorado en mi vida a partir de ese hecho pero me daba cuenta de que el momento iba a ser uno de los que me iban a quedar en la cabeza para siempre.” Sin embargo, la dinámica se interrumpe. (…) Es el cierre identitario. Un pesadísimo bloqueo del devenir. Una cristalización de la composición que, sin apertura al exterior, no logra reanudar su proceso. El desbloqueo se constituye como nuevo desafío de subjetivación. La fuerza se pliega sobre sí misma. La autoalteración se ve obligada a operar con mínimos recursos. La mutación necesita desplegarse de modo inhumano.  “A esta altura no sé si mutamos de especie capaz somos otros seres nuevos y seguimos pensando como seres humanos y lo mejor sea utilizar los poderes humanos para adaptarlos a esta nueva especie que somos.” La deconstrucción del cierre identitario, lejos de adquirir un carácter conclusivo, toma la forma de un reanudamiento. La caída logra devenir paso de danza. Tiene lugar nuevamente la dinámica expansiva. Con sus posibilidades. Con sus riesgos.

Franco Ingrassia

Noviembre de 2011

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una reseña del libro escrita por dardo ceballos para club de fun aquí
el primer capítulo leído por su autora aquí

[texto publicado en el dossier de la revista Atypica #42 (agosto de 2013) que partía de la pregunta ¿Cómo salvar el mundo?]

ImageTal vez lo primero sea advertir que el mundo YA está siendo salvado. Si el mundo subsistió hasta hoy es porque, anónimamente, hay quienes lo salvan todos los días; es porque, de manera casi imperceptible, y como dice el tunecino Pierre Lévy, “las prácticas de acogida, ayuda, apertura, cuidado, reconocimiento y construcción son finalmente más numerosas o más fuertes que las prácticas de exclusión, indiferencia, negligencia, resentimiento y destrucción.” Acciones que ponen en marcha una inteligencia colectiva que nos permite seguir juntos aquí. ¿Y de qué salvan al mundo esas acciones? En síntesis: de aquello que, dentro del capitalismo, toma el nombre de mercado. La operatoria mercantil no precisa, o cree no precisar, del mundo. Dispersa todo lazo para instalar conexiones precarias, que sólo perduran en tanto aseguren la maximización de la ganancia. El mundo –pero también el medio ambiente, una ciudad, un barrio, un espacio público, una familia, un proyecto o una persona cualquiera- son, para el mercado, articulaciones evanescentes, listas para desaparecer en cualquier momento, apenas el dinamismo de la rentabilidad indique disolver una conexión para establecer otra. Y, sin embargo, sin las composiciones no-mercantiles, sin los circuitos que el amor, la amistad o la solidaridad construyen, la vida social desaparecería instantáneamente. Y el mercado, que es ciego a sus propias condiciones de posibilidad y sólo tiene ojos para oportunidades y resultados, colapsaría con ella. Quien se propusiese salvar el mundo podría empezar entonces por desarrollar una apertura, una capacidad de percepción de estas prácticas, una disposición para salir a su encuentro, una voluntad de ofrecerse a intensificarlas. Ellas operan en diferentes planos y escalas. Y quizás constituyan las mil y una figuras de un comunismo subterráneo e inmanente que, sin estandartes ni proclamas, reconstruye una y otra vez las condiciones para la vida común: la hospitalidad que se opone a todo acto de exclusión; la cultura que se comparte en las redes p2p; la ayuda que se presta al amigo en problemas; el amor que hace posible que una familia no se desmorone; las acciones colectivas que construyen espacios públicos; los actos espontáneos de solidaridad inesperada; los distintos modos de cooperar para producir alimentos, refugio, salud, cultura, comunicación, innovación, afecto y belleza; las diversas maneras de compartir lo que esa cooperación genera…

Franco Ingrassia

20.04.12

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