expresión y representación[En una coyuntura en la que más de una organización nacida en la estela abierta por el 2001 está ensayando, de modos diversos, algún tipo de participación electoral, viene bien releer algunas de estas ideas publicadas a meses del 19y20]

  • Postulamos que por debajo de las relaciones de representación –clásicas de la subjetividad política– trabaja una dimensión expresiva.
  • Comencemos por enunciar que la representación trabaja a partir de –y sobre– subjetividades instituidas –y que ella misma instituye–.
  • El cuerpo representado no se constituye al margen de la relación de representación sino que, como afirma Ernesto Laclau, el representante clausura –constituyendo– el cuerpo representado por medio de la relación de representación.
  • Las sociedades de mercado son sociedades de la representación. La relación misma de representación lo invade todo, a la vez que separa al máximo al representante del representado. Las categorías fundamentales de estas sociedades de la representación son las de “consenso”, “opinión”, “articulación”, “redes explícitas”, “comunicación”  y  “acuerdo”. Se tra­ tan, todas, de categorías de la separación, del capitalismo. Son sociedades en las que domina la imagen, el fragmento, el consumo, el individuo. En ellas, la forma de enlace entre las personas se realiza por medio de la construcción de una imagen que nos muestra y hace aparecer “unido” lo que continúa existiendo de manera “separada”, como dice Debord.
  • Mientras la representación instituye un ámbito representativo, comunicacional, que totaliza un mundo de la separación para, una vez allí, preocuparse por la forma de presentar una unidad entre lo separado, la expresión piensa en una operación de dos tiempos. Por un lado, trabaja a partir de la sustracción del tiempo único del mundo global, representativo y comunicativo y, en segundo lugar, trabaja en términos de composición, de la constitución de un tiempo, de formas y de un espacio autónomo para desplegar la existencia.
  • cada experiencia, cada situación, es de una singularidad radical. Lo que de ninguna manera niega que este múltiple trabaja, cada cual a su forma, los problemas del sentido de una época. Para decirlo una vez más: la expresión es expresión de un conjunto de problemas que cada quien asume a su manera. Esa problemática común sólo existe en situación.
  • La lógica de la expresión no es otra cosa que la posibilidad de pensar en inmanencia lo que de universal existe en cada situación
  • en situación, se logran formas muy concretas de producción de discursos que, refiriéndose a sí mismos –y por tanto cuestionando el discurso que la norma dominantes dice de ellos–  logran hablar a todo el mundo.
  • Aquel supuesto fundamental de la subjetividad política, que dice que el hombre se ha separado del mundo para comprenderlo y controlarlo, se ve seriamente cuestionado. Ya no se vive así. No se trata del hombre frente a la historia, tratando de determinar su sentido, sino de una integración del hombre concreto en su situación,  una forma situacional de habitar el mundo y preguntarse sobre las posibilidades que de allí se abren.
  • El nuevo protagonismo logra hablar a todos sin trascender nunca los límites de su situación. Lo que lo distingue de la ideología de la comunicación.
  • La lógica de la expresión nos permite, entonces, argumentar que “lo que pasa” –la lucha por la justicia– “pasa también por lo político”. Este “también” es la clave, el carácter múltiple de la expresión. Lo que pasa al nivel de los obstáculos del sentido, de la existencia, se expresa en el arte, la política, etcétera. Lo que se plantea es una distinción de estatus entre lo que se expresa, el medio de la expresión y lo expresado.
  • Efectivamente, siguiendo una “lógica de la expresión” –como decía Deleuze– podemos ver cómo la política –la lucha por la justicia– se expre­sa de múltiples maneras. Uno de esos “medios de expresión” es, claro, “lo político”. Y lo expresado existe como una multiplicidad de experiencias y de formas de protagonismo social. Así, toda época signada por una ruptura –epistemológica y de sentidos– produce nuevas formas de significar sus prácticas, nuevos saberes y conceptos y nuevas formas de intervención en cada una de las instancias de la existencia.
  • la “crisis de la política”, alumbrada desde este punto de vista, está lejos de ser definitiva o eterna. Si lo que venimos afirmando no es demasiado lejano de lo que en realidad sucede, podríamos afirmar entonces, que “lo político”, como ámbito expresivo, se irá adecuando a partir del desarrollo de aquello que se expresa a través suyo.
  • Lo que la subjetividad política tiende a negar es ese carácter de múltiple entre múltiples de lo político –es  decir, de “también” y  de “junto a otros”–. ¿Qué afirma esta ilusión política? Que “lo político”, que extrae su consistencia a partir de su carácter expresivo, podría negar –olvidar– este carácter para afirmarse en sus propias premisas, adquiriendo una consistencia propia y, de alguna forma, una eficacia propia. La ilusión política es lo que viene a afirmar que la política no está determinada –en su carácter expresivo– sino que es ella misma “determinante”. Así, “lo político” –el Estado– sería lo que la cabeza –la conciencia– es al cuerpo: el pensamiento que anima y organiza a las partes físicas, extensas. Lo que proporciona sentidos, tareas, funciones. La política como lo que coordina y articula los fragmentos de otro modo dispersos de lo social. De una u otra forma, la política sería el lugar de mando, el sitio del conductor, y también del filósofo.9 Hacer política ya no sería preguntarse qué hacer con “lo que pasa”, sino cómo hacer que pase lo que deseamos, a partir de controlar lo que pasa a ser lo importante: los “asuntos del poder”.

[todas las citas extraídas de Colectivo Situaciones. “19y20. Apuntes para el nuevo protagonismo social”. Ediciones De mano en mano. Buenos Aires. 2002]

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