Archivos para el mes de: enero, 2013
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El papel de los partidos, así como de las otras organizaciones de la clase obrera, es el de servir de prototipo, el de prefigurar la sociedad futura, de servir de punto de rencuentro y de confrontación entre las diferentes corrientes del pensamiento y de la acción socialistas. En cada país, en cada etapa de la marcha hacia el socialismo, aparecerán las formas originales de organización social, correspondientes a la diversidad de las necesidades y de las opiniones. No existe ni un modelo único de partido, ni un modelo único de Estado obrero.

El partido en el poder no debe desempeñar ni el papel de organizador, ni de educador, sino el a la vez más modesto y glorioso: el inspirador y animador de las organizaciones obreras, que no dependen de él, que pueden aceptar o rechazar sus sugerencias y sus proyectos, que pueden inspirarse en él o no, que pueden cometer faltas y extraer de ellas una lección, más bien movimiento que partido, organización amplia, móvil, que se funda, se disuelva en la masa, que deje en manos de los trabajadores, liberados finalmente del yugo capitalista, la libre determinación de su destino.

[Víctor Fay. Del Partido como instrumento de lucha por el poder al partido como prefiguración de una sociedad socialista. 1971]

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Paris-1848

Se entiende que estos conspiradores no se contenten con organizar en general al proletariado revolucionario. Su ocupación consiste en adelantar el proceso del desarrollo revolucionario, en impulsarlo intencionalmente a la crisis, en hacer la revolución de inmediato, sin las condiciones de la revolución… la única condición es que la insurrección esté suficientemente organizada. Son los alquimistas de la revolución, y comparten con los antiguos alquimistas su confusión de ideas. Afanados en estos continuos proyectos, no tiene otro objetivo que el del cercano derrocamiento del gobierno existente y desprecian profundamente la actividad, de carácter más teórico, consistente en aclarar a los trabajadores sus intereses de clase… En la medida en que el proletariado de París avanzaba directamente en primer plano como partido, esos conspiradores perdieron influencia. (…) Las bombas de 1847 dispersaron finalmente a los más obstinados y absurdos de los viejos conspiradores y arrojaron las secciones que hasta entonces existían de ellos al movimiento proletario directo

[Marx reseñando Les Conspirateurs de A. Chenu y La naissance de la Repúblique de Lucien de la Hodde en la Neue Rheinische Zeitung Revue, en 1850]

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