Archivos para el mes de: agosto, 2011

Samurai

 

Contrariamente a lo que SE nos ha dicho, el guerrero no es una figura de plenitud y, menos que menos, una figura de plenitud viril. El guerrero es una figura de la amputación. Es el ser que accede al sentimiento de la existencia sólo en combate, en la confrontación con el Otro; es un ser que no puede procurarse por sí mismo un sentimiento de existencia. Nada es más triste, en el fondo, que el espectáculo de esta forma-de-vida que, en cada situación espera el mano-a-mano para remediar esta ausencia de sí. Pero, a la vez, nada es más movilizante; porque esta ausencia de sí no es una simple falta, un déficit de intimidad con uno mismo, sino más bien una positividad. El guerrero está en realidad animado por un deseo, incluso por un deseo exclusivo: desaparecer. El guerrero desea dejar de ser, pero esa desaparición tiene que tener un cierto estilo. El guerrero quiere humanizar su vocación de muerte. Es por ello que nunca llega a mezclarse verdaderamente con el resto de la humanidad, porque de forma espontánea ella se pone en guardia frente a este movimiento hacia la nada. En la admiración que le dedican está evidenciada la distancia que instalan entre ellos y él. De este modo, el guerrero queda condenado a la soledad. Una gran satisfacción lo atraviesa por ello, al no poder llegar a formar parte de comunidad alguna, salto al falsa comunidad, la comunidad terrible de los guerreros, aquellos que no tiene nada para compartir salvo su soledad. Prestigio, Reconocimiento y Gloria son no tanto el patrimonio exclusivo de los guerreros sino la única forma compatible con esta soledad. Su riqueza y condenación están igualmente contenidas aquí.

 

El guerrero es una figura de la inquietud y del estrago. Por fuerza de no estar ahí, de ser sólo para-la-muerte, su inmanencia ha devenido miserable, y lo sabe. Es que él no fue hecho para este mundo. Por esta razón, no se encuentra apegado al mismo sino que espera el final. Pero también hay una ternura, incluso una delicadez en el guerrero, que reside en el silencio, en esta semi-presencia. Si no está allí es porque, de caso contrario, sólo podría arrastrar a quienes lo rodean en su camino a la ruina. Es eso lo que ama: tiene su corazón puesto en preservar a los demás de la muerte. A la compañía de los hombres, el guerrero prefiere al soledad. Y ello por buena voluntad más que por disgusto. O tal vez retorne al afligido grupo de los guerreros, quienes se ven a sí mismos deslizándose, uno a uno, hacia la muerte, ya que esa es su propensión.

 

 

Esto no es un programa

Tiquun

2001

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Mquina_de_guerra

De lo que hablamos aquí es de la constitución de máquinas de guerra. Por máquina de guerra debe entenderse cierta coincidencia entre vivir y luchar, una coincidencia que nunca sucede sin a la vez demandar ser (re)construida permanentemente. Porque cada vez que uno de estos términos se presenta a sí mismo separado del otro del modo que sea, la máquina de guerra se degenera, se descarrila. Si el momento del vivir se unilateraliza, la máquina de guerra deviene ghetto. (……) A la inversa, si el momento de la lucha es el que queda aislado, la máquina de guerra degenera en ejército. Todas las formaciones militantes, todas las comunidades terribles son máquinas de guerra que han sobrevivido a su propia extinción en esta forma petrificada.

  

Esto no es un programa

Tiquun

2001

Imaginary_party_pink_400

 

  

A este plan(o) de consistencia lo hemos llamado el Partido Imaginario, para que en su nombre mismo quede expuesto que se trata de una representación política nominal y a fortiori. Como todo plan(o) de consistencia, el Partido Imaginario está aquí y al mismo tiempo debe ser construido. Construir el Partido, por lo tanto, no significa construir la organización total en la cual, a la luz de la lucha, todas las diferencias éticas puedan ser puestas entre paréntesis; construir el Partido significará establecer a las formas de vida en su diferencia, intensificar y complejizar sus relaciones, elaborar tan finamente como  nos resulte posible la guerra civil entre nosotros. (…??) Construir el Partido es una tarea que ya no se plantea en términos de organización, sino en términos de circulación. Lo que equivale a decir que, si todavía existe el “problema de la organización”, éste consiste en organizar la circulación al interior del Partido. Porque sólo la intensificación y la elaboración de los encuentros entre nosotros contribuirá al proceso de polarización ética, a la construcción del Partido.

  

Esto no es un programa

Tiquun

2001

 

 

 

Gracias

http://neopren.tumblr.com

Pict80

“sin amor

yo nada

ser??a”
Ciudadanos

el fil??sofo uruguayo sandino n????ez comentando dibujos animados…

>> El equívoco es una categoría propiamente trascendental, una dimensión constitutiva del proyecto de traducción cultural propio de la disciplina [antropológica]. (76)

>> Traducir es instalarse en el espacio del equívoco y habitarlo. No para deshacerlo, porque eso supondría que nunca ha existido, sino todo lo contrario, para destacarlo o potenciarlo, es decir, para abrir y ensachar el espacio que imaginábamos que no existía entre los “lenguajes” en contacto, espacio ocultado justamente por el equívoco. El equívoco no es lo que impide la relación sino lo que la funda y la impulsa: una diferencia de perspectiva. (76)

>> Sólo vale la pena comparar lo inconmensurable, comparar lo mensurable es tarea de contadores. (77)

>> En las cosmologías amerindias el mundo real de las diferentes especies depende de su punto de vista porque “el mundo en general” consiste en esas diferentes especies, es el espacio abstracto de divergencia entre ellas en cuanto puntos de vista. (77)

>> Equívoco, en el sentido literal inter esse: estar entre, existir en medio. (77)

>> El equívoco no es un error ni una confusión ni una falsedad, sino el fundamento mismo de la relación que lo implica, y que es siempre una relación con la exterioridad. (78)

>> El equívoco es lo que existe entre diferentes juegos de lenguaje. (78)

>> El equívoco, en suma, no es una falla subjetiva, sino un dispositivo de objetivación. (78)

>> Si el equívoco no es error, ilusión o mentira sino la forma misma de la positividad relacional de la diferencia, su opuesto no es la verdad, sino más bien lo unívoco, en cuanto aspiración a la existencia de un sentido único trascendente. El error o la ilusión por excelencia consistiría, justamente, en imaginar que debajo de cada equívoco hay un unívoco, y que la antropología sería su ventrílocuo. (79)

>> Todo punto de vista es “total” y ningún punto de vista conoce equivalente o similar: el chamanismo horizontal no es, por lo tanto, horizontal, sino transversal. La relación entre puntos de vista (la relación que es el punto de vista en cuanto multiplicidad) es del orden de la síntesis disyuntiva o de la exclusión inmanente, y no de una inclusión trascendente. En suma, el sistema indígena perspectivista está en desequilibrio perpetuo. (162)

>> Una traducción no es una representación sino una transformación (224)

[* todas las notas tomadas de Eduardo Viveiros de Castro, “Metafísicas Caníbales. Líneas de antropología postestructural”, Katz Editores, BsAs, 2010. Los números entre paréntesis corresponden a la página en la que puede encontrarse el fragmento citado]

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