Jacoby

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid)

25 de febrero – 3 de mayo 2011                      

 

01.  Amador, un amigo madrileño, me propone que visitemos juntos “El deseo nace del derrumbe”, la retrospectiva sobre la obra de Roberto Jacoby que Ana Longoni organizó en el Museo Reina Sofía. Algunos más se sumarán a la partida. Ninguno tiene vinculación directa con “el campo del arte” pero todos han experimentado la potencia derivada de la articulación entre procedimientos estéticos e invenciones sociales, políticas o militantes. La imagen elegida para anunciar la muestra en el exterior del museo –una reproducción del ‘anti-afiche’ diseñado por Jacoby en 1969 con una imagen clásica de Ernesto Guevara y la leyenda «Un guerrillero no muere para que se lo cuelgue en la pared»- auguraban cierto grado de conexión –o, mejor, determinadas condiciones de recepción- entre la exposición y nuestro pequeño grupo.

 

02.  La muestra se organiza en tres espacios y comprende seis proyectos distintos. En un primer espacio, encontramos una recreación de la instalación Vivir Aquí de 1965 compuesta a partir un conjunto de elementos de su vivienda actual en Buenos Aires. Una operación de dislocación que funciona como mecanismo de legibilidad de las dinámicas de apertura relacional que insisten en los métodos de producción de Jacoby. También en este espacio se presentan las 28 imágenes de la obra 1968 el culo te abrocho. Una serie de documentos de las vanguardias políticas y artísticas de ese año intervenidos mediante frases sobreimpresas. Las relaciones entre los documentos y los fragmentos textuales son heterogéneas. Como instalando propensiones semánticas intensas pero difusas, forzando a la producción de sentidos sin resultados predeterminados. 

 

03.  Un segundo espacio presenta dos video-instalaciones. Una de ellas está ligada a La Castidad, derivada del pacto de convivencia platónica que Syd Krochmalny y Roberto Jacoby sostuvieron durante un año en tanto experiencia de “comunismo molecular”. La segunda remite a Darkroom, que podría pensarse como una experiencia-límite en la producción de un régimen de sensibilidad: en la acción original un único espectador provisto de una cámara de rayos infrarrojos realizaba en la penumbra un registro fragmentario de los movimientos de ciertas presencias enigmáticas. Ambas video-instalaciones funcionan como operaciones de registro, que en su transmisión fragmentaria, nos permiten imaginar que las experiencias de las cuales derivan tuvieron como vectores constitutivos intensidades híbridas, en las cuales la dimensión estética operaba como un componente entre otros.

 

04.  La muestra se completa con un Archivo en uso que presenta en formato digital multimedia una inmensa cantidad de material documental sobre las actividades de Jacoby y con el Gabinete de Curiosidades que, de un modo casi arqueológico, presenta restos y huellas de diversas intervenciones.

 

05.  A medida que voy intentando responder a algunas preguntas “contextualizadoras” de mis amigos (¿Qué era el Instituto Di Tella? ¿Qué lugar tenía Virus en el rock latinoamericano de los 80? ¿Qué dimensión social/política/cultural tuvo el Cordobazo? Etc.) voy sintiendo que los elementos presentados en el gabinete operan como disparadores de reminiscencias. Son fragmentos que remiten a mundos.

 

06.  Conceptos como “tecnologías de la amistad”, “comunidades experimentales”, “biopolítica casera”, “estrategias de la alegría” pueden ser pensados entonces como elementos que dan cuenta de una apuesta por la invención –hecha de mil tramas y entrecruzamientos entre prácticas sociales, estéticas, teóricas, económicas, políticas, comunicacionales, etc.- de nuevas formas de vida. Invención de formas de vida que producen mundos.

 

07.   Los múltiples recorridos posibles de la exposición permiten experimentar –y posiblemente ese sea el mayor mérito del inmenso trabajo de Ana Longoni- “la intensidad de una vida”, la multiplicidad de las intensidades que la recorren, el punto abierto de entrecruzamiento de todas ellas que remite al nombre propio de Jacoby.    

 

08.  Si el deseo nace del derrumbe es porque es intrínsecamente expansivo. No hay deseo que pueda persistir por demasiado tiempo en la solidez de las composiciones. Es en el lazo-por-venir que se juega su intensidad.

 

09.  Y es en ese punto que alguien puede decidir poner en juego, afectar sus recursos –intelectuales, estéticos, relacionales- en función de esta expansividad deseante.

 

10.  La exposición reseñada construyó la posibilidad de entrar en contacto con las huellas heterogéneas de este tipo de insistencia.

 

Franco Ingrassia

Mayo de 2011     

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